Una fiesta de la familia y de la amistad. Eso representa el clásico encuentro deportivo que año a año organiza el Pequeño Cottolengo Don Orione. Son miles los tucumanos que se unen con un fin benéfico: ayudar a quienes más lo necesitan. Desde la plazoleta Mitre al parque 9 de Julio se multiplican los personajes que le dan vida a la maratón, un río de pecheras y de entusiasmo, de color y de anécdotas. Todos ellos tienen el derecho a sentirse ganadores-
El deporte, una forma de integrarse
Aldo Darío tiene 39 años y es ciego. Nació con una enfermedad que le fue desgastando la visión hasta dejarla -cuando él tenía 13 años- apagada por completo. Poco después comenzó a dedicarse a las carreras. “Encontré en el deporte una forma de integración. Me motiva a mí y a las personas con alguna discapacidad”, explicó. Acompañado por su amigo, Jorge Farina, quiso dejar su mensaje: “para mí esto es superarse en la vida. El que tenga problema que lo deje de lado y haga deporte”.
Empezó corriendo sola; hoy lleva a la familia
Florentina Gagiotti participa de la Maratón Don Orione hace 10 años. Comenzó mientras era soltera y cuando conoció a quien sería su marido, Luis Felipe Valmaceda, lo invitó a que corrieran juntos. El tiempo pasó, la relación avanzó y la familia se agrandó. Faustina y Felicitas, de dos años y seis meses, comenzaron a formar parte de lo que ellos llaman “una tradición familiar”. Las “mellis” lucieron los chalecos y salieron a divertirse junto a papá y mamá.
Las chicas del ipt
“Nuestra profesora nos invitó”, comentaron a coro Rocío Medina, Estefanía Rodríguez, Elina Espeche y Sol Abregú. Ellas van a 4° año del IPT y por primera vez asistieron juntas a la maratón. “Me pareció muy linda, vino mucha gente”, dijo Rocío. “Es lindo compartir esto con amigas”, agregó Sol.
Le pusieron onda
Cristian Gonzalo Foglia (12), Gabriel López (16), Franco Vallejo (15) y David Elías Albarracín (15) terminaron tirados en el pasto tras la carrera. Los amigos aseguran que recorrieron todo el trayecto corriendo, pero que no pudieron ganar. “Perdimos, pero lo disfrutamos. Vinimos a pasarla bien con amigos. Nos gustó mucho”, afirmó Cristian.
La FAMILIA a pleno
“Por mi trabajo no puedo estar mucho con ellas. Es hermoso compartir esto entre los tres”, destacó Darío González. Lo acompañaban su mujer, María, y su hija, Andrea. Ellos se prepararon aprovechando las nuevas bicisendas de la avenida América, donde caminan y Andrea utiliza su andador.
Álvaro y Silvana
En una bici de doble asiento se presentaron Silvana López y su hijo, Álvaro Escobar (3). Es la primera vez que asisten juntos y ella destacó que, como madre, le parece una experiencia muy linda. “Es algo motivante y él aprende, eso es lo importante. Está bueno que vaya acostumbrándose”, celebró.
Ellos dicen presente
Grandes, medianos y chicos. Marrones y negros. Salvajes y delicados. Sasha, Nerón y Uma llegaron desde Las Talitas para pasear con sus dueños hasta el parque 9 de julio. “Es la tercera vez que los traemos porque ellos disfrutan y nosotros aprovechamos para sacarlos a caminar”, sostuvo Guido Soria, dueño de Nerón.
Tres Generaciones
Graciela Santucho, María Montero y Micaela Giménez son madre, hija y nieta, y por tercer año consecutivo formaron parte de la fiesta. “La pasamos hermoso, compartimos y nos distraemos un poco”, enfatizó Graciela. Las tres revelaron que Santucho es la pionera en este tipo de iniciativas. “Conocí la Maratón Don Orione gracias a mi abuela y me encanta”, confesó Micaela.
Rumbo al parque sobre ruedas
Para Héctor Barrionuevo (24) la imposibilidad de ponerse de pie no representa una limitación: hace cuatro años que juega al básquet en San Cayetano. Según el deportista, siempre participa de carreras y maratones, como forma de entrenamiento particular. “Es un ejercicio fuera de la cancha que me gusta mucho”, apuntó.
Hay que enseñar a ayudar
Ángel Robledo tiene 74 años, cuatro hijos y 11 nietos. Junto a su mujer, María del Carmen Casado, decidió reunir a parte de la familia y viajar desde El Manantial para participar en la maratón. Patricio, Ignacio, Matilda y Mateo acompañaron por primera vez a sus abuelos al evento a beneficio del Cottolengo. “Los traemos para que aprendan a ayudar”, dijo Ángel.
Apoyando al colegio
“Venimos todos los años porque mi hijo va al colegio Don Orione, así que como grupo familiar siempre participamos”, indicó Elizabeth Chávez. Ella destaca que es una actividad ideal para compartir con los hijos: “vine con mi hermana, Jésica, con mis hijos y con mis sobrinos. Los más chicos completan el recorrido en sus bicis y el resto camina”.
Los santiagueños pusieron manos a la obra
Alumnos del Instituto Provincial de ISPP N°1 de Santiago del Estero fueron invitados a la maratón y decidieron darles una mano a los organizadores. Distinguidos por los chalecos rojos, terminaron mezclados entre los tucumanos, ayudando a los participantes. “Es la primera vez que venimos y nos encanta colaborar”, expresó Iván Farías, uno de los alumnos.